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viernes, 8 de julio de 2011

Pisadas de un errante caminar: capitulo 4/ parte 2


 Pisadas de un errante caminar
Capitulo 4/ parte 2

No volví a percibir en Michael ningún comportamiento extraño. El camino de regreso a casa aconteció de la forma en que normalmente lo hacía. En varias ocasiones él pregunto sobre mi estado, tanto físico como mental, y en ambas circunstancias una gran sonrisa asalto mi rostro, acompañada por una respuesta demasiado alegre, si lo comparamos con mi verdadero estado de ánimo.
 Chanel hablo todo el camino de "nuestro nuevo amigo", a decir verdad de su nuevo amigo, porque yo aun dudaba demasiado.
 Llegue a mi casa derrotada, mi madre me dejo libre a penas vio mi cara, y agradecí su compasión. Ya no daba más.
 Luego de una ducha caliente, y uno que otro pequeño bocado de lo que teóricamente había sido la cena, aunque yo lo viera mas como el nuevo experimento de Ilsa; me fui a dormir.

 "Una vez más en este lugar" pensé, mientras me desplazaba entre los arbustos. Era de noche, y una densa capa de nubes obscuras ocultaba las estrellas, otorgándole al lugar, algo que se podría llamar, intimidante.
Avance hasta llegar, a un camino plenamente conocido por mis pies, bajo los cuales la frialdad y la humedad de aquellas horas me hacían tiritar. Como había llegado a aquel lugar, ni idea, solo estaba ahí, descalza y con mi ropa de dormir.
 Últimamente me andaban ocurriendo tantas cosas insólitas, que el hecho de despertar a media madrugada en un lugar completamente distanciado de mi cama, ya no me sorprendía.
Cuando estaba cerca del lugar donde el incidente había ocurrido, comenzó a llover o más bien lloviznar, y a medida que avanzaba, el llanto del cielo empeoraba, y podríamos tomar aquella acción como una advertencia, un mensaje de aléjate y no vuelvas mas, pero yo no soy una persona que se podría definir como sensata, así que, continué avanzando, sin temor, en busca de saciar el gran misterio oculto a mi alrededor.
 El sonido lejano de espadas en conflicto me condujo, y a medida que el áspero cemento rasgaba mis talones, el sitio familiarizaba aun más lo que mis ojos presenciarían.
 Y esto es lo que vi.
 Un cuerpo destrozado, sangre y una pequeña cuchilla aislada del escenario principal.
Pero, aunque no me crean, la causa de mi sorpresa no fue, ni por la cantidad de sangre derramada, ni por lo caótico que se veía el suceso; fue por el reconocimiento que le otorgue a la figura vencedora, al proclamado conquistador de aquel juego descabellado.
 Y un temor, últimamente, usual, batió vuelo a mi alrededor, cuando la oscuridad de sus pupilas destrozaron las barreras de mi ser, y en él percate la fuente inagotable de su perversidad.
 Di un paso atrás, y todo se desvaneció.
 Desperté atemorizada con la viva imagen de su rostro bañado en sangre. Oculte mi cara tras la almohada intentando hallar así algo de calor y paz.
 Quería gritar, correr y hasta llorar, hacer cualquiera cosa, dejando como última opción estar tirada boca arriba con una almohada aguardando en la realidad como salvavidas, pero seamos francos cualquiera de estas actividades me harían pasar como una demente. Y eso es lo último que quería.
Todo estaba pasando, el espanto se esparcía, la inquietud se alejaba, y el canto de Morfeo regresaba a mí, acunando mi cuerpo en la bonanza del crepúsculo; todo estaba tan bien que parecía irreal, hasta que... sentí la mano de alguien en mi antebrazo. Mi cuerpo se estremeció, y di un gran salto cuando mi nombre resonó en la oscuridad.
No pude evitar gritar.
—  ¡Al! ¡Al! ¡Despierta!... Al soy yo — la oí pronunciar.
 Pero yo no escuchaba tan perdida en mi locura, no diferenciaba el sueño de la realidad, y eso, me llevaba directamente a una sola conclusión: estaba chalada.
 Transcurrió un tiempo, antes de que reconociera aquella voz, y me diera cuenta de que el sueño había acabado.
 Los cabellos dorados de Ilsa resplandecían sutilmente bajo la intransigente luz que se colaba por las rejillas de mi ventana. Sus preocupados ojos aguardaban mi vuelta en sí.
Respire profundamente la reconocí. Ella aguardo unos minutos en silencio mientras su mano derecha acariciaba mis obscuros cabellos.
— ¿Estás bien, Al?
 "Estar bien"… la definición de aquella frase había naufragado hacia un periodo muy largo.
 No conteste, solo la contemple, dejándole a ella la libertad de escoger la respuesta conveniente en aquella ocasión.
 — ¿Has tenido un mal sueño?
 Si, solo un mal sueño, ojala fuera eso y nada más, y aunque quizás al principio lo creí, hoy en día, después de hacer visto todo aquello, cada día que pasaba me convencía aun mas, de la ceguera propiciada por la venda que me rehusaba a quitar de mis ojos.
 Pero yo no podía hablar de ello, así que callé, y asentí.
— ¿Quieres contármelo?
 Negué.
 ¿Cómo si pudiera explicarlo?  Sangre, asesinato, muerte y un lunático bestial. Sin dudas, aquellas palabras no formaban parte de una respuesta racional o, por así decirlo, de una mente sana.
— ¿Estás segura? — insistió.
 Seguridad, si tuviera que hacer una lista de las cosas que últimamente faltaban en mi interior, ella encabezaría la lista y se llevaría el bastón de oro.
— Lo estoy — afirme en un murmullo.
 Aclare mi garganta, intentado despertar a mi voz adormecida.
 Ilsa aparto varios mechones de cabellos que ocultaban mi frente mientras me observaba. Su mirada era pensativa, y la boca la tenía torcida en una mueca rara, como si estuviera intentando creer algo insólito, asombroso o demasiado falso.
 — ¿Pasa algo? —pregunté.
 Ella no me contesto inmediatamente, se tomo un tiempo antes de arriesgarse a tirar su primer remate.
—Nada, solo vine a ver qué pasaba contigo.
 Y yo sabía que debajo de la suavidad de sus palabras, había algo más.
— ¿Conmigo?
 Ella asintió, y la serenidad de sus ojos comenzó a flaquear.
—Has estado gritando— contestó.

—Bueno  —intente apaciguar sus palabras —, eso es porque he tenido una pesadilla.
Ilsa balanceo su rostro instantáneamente.
 —No me refiero solamente a hoy…—se detuvo, y vi tristeza en sus ojos— últimamente has estado muy inquieta, y vives quejándote en sueños. Siempre pareces agotada - una de sus manos toco mi frente, y aparto una gota de sudor - murmuras cosas sin sentido y…
— Eso es normal —replique— los sueños nunca son del todo racional, así que decir una que otra tontería debe considerarse normal…
 Y mientras hablaba ella continuo negando.
 —Al — acaricio mi mejilla — Es como si estuvieras huyendo de algo, y no estoy hablando solamente de tus sueños, me refiero a la realidad. No estoy segura de lo que esté ocurriendo contigo. Pero estoy preocupada, y quiero que sepas que estoy aquí para lo que necesites, a cualquier hora —sonrió. — Sabes que para mí eres como una hermana menor.
 Tome su mano.
—No te preocupes Ilsa, todo está bien — y para que mis palabras tuvieran más credibilidad sonreí—, de igual forma muchas gracias por tus palabras, y perdón por preocuparte. Pero en serio todo está bien.
 Mentir, mentir y mentir. Esto de engañar se estaba volviendo una rutina.
 Cuando ella se marcho de la habitación aun tenía sus dudas, y eso lo pude saber por la expresión que su rostro ocultaba bajo una dulce sonrisa.
 Suspire.
 El reloj marcaba las cinco de la mañana. Aun me quedaban dos horas más de descanso, antes de despertar, y correr hacia el aeropuerto para despedir a mi mejor amigo.
Mis ojos se cerraron con la imagen de aquel rostro… de su rostro.


 Cuando mi madre vio las huellas del incidente de la noche anterior que habían quedado sobre la piel de mi cuello, casi le da un infarto. A pesar de que trate de ocultar la evidencia bajo una polera mangas largas; fue inútil. No hay nada que se le escape a mi madre, y cuando digo nada les hablo en serio. Luego de varios "estoy bien" y no, no me ha ocurrido nada, me dejaron en libertad.
Cuando llegue al aeropuerto, diez minutos retrasada, me estaban esperando.
—Al fin llego — oí decir a Chal, cuando estaba a pocos metros de ellos.
—Así es  —afirmo Alfred regalándome una sonrisa de oreja a oreja.
Sus fuertes brazos me dieron la bienvenida, una bienvenida que pronto seria reemplazada por un adiós y un vació. Me deje arrullar por la tibieza que despedía su cuerpo, y por primera desde la noche anterior, las palabras de un " viejo conocido" resonaron en mis pensamientos.
Me separe de él teniendo cuidado de no herir sus sentimientos, y me alegre al comprobar que aquello no había ocurrido.
 Los minutos siguientes pasaron a una velocidad inhumana, parecía que nos habíamos sentado hacia un minuto a conversar, cuando la llamada que anunciaba la partida del vuelo de Michael, resonó en todo el lugar.
Mi mejor amigo se levanto con desgano, Chal y yo lo seguimos.
Aquel día hacia mas frió que el anterior; sin dudas nuestro otoño se había convertido en el invierno del polo sur. Me abrase a mi misma queriendo encontrar calor y levante la vista para encontrar algo que no esperaba.
El rostro de Michael se hallaba crispado. Los labios los tenia torcido en una mueca rara, y sus ojos, parecían observar el abismo de la muerte...un enemigo mortal. Mire a Chal, buscando ayuda o alguna respuesta, pero ella ni siquiera parecía notarlo, porque seguía parloteando sin problemas, ajena o tal vez no, a lo que yo veía.
Avance los pocos metros que me separaban de él, y en el momento justo en que la palma de mi mano rozo su hombro, un llamado me distrajo.
 — ¡Michael! — escuche la exclamación de una fina voz. La madre de mi mejor amigo se hallaba con los brazos cruzadas, y dos suéteres colgado de su antebrazo izquierdo. — Apresúrate, nuestro vuelo está por salir.
Su hijo sonrió en son de disculpa.
—Lo siento, mamá.
Ella resoplo, y cambiando un poco su expresión se dirigió a nosotras.
    Hola chicas ¿cómo están?
—Muy bien —contestamos a dúo.
— ¿Y usted señora? — agregó Chal.
Su respuesta no era un secreto para nadie que la conociera, porque su faz demostraba más de lo que sus palabras deberían decir. Su cansancio, y la gravedad de sus problemas, problemas de los cuales no podía hablar, delineaban su frente en diferentes cicatrices que su rostro reflejaba.
Me pregunto si a mí se me vera igual cuando algo quiero ocultar. Un escalofrió recorrió mi cuerpo, mejor no pensar en aquello.
 Una segunda llamada que anunciaba la partida del vuelo 263, despertó a aquella mujer del trance en donde parecía haber quedado. Rápidamente se desplazo
—Bueno, es mejor que nos vayamos.
Se acerco a nosotras y nos abrazo.
—Cuídense mucho chicas, y saludos para todos en sus casas. Díganle que lamento no haber podido quedarme más tiempo — sus palabras sonaban verdaderas y no de cortesía. —, pero como todos saben, el deber llama. —Una media sonrisa, mitad feliz mitad triste se profundizo en su cara. — Adiós —dijo por último, para dejar paso a su hijo.
 Michael se dirigió primero a Chal. El cuerpecito de mi amiga quedo oculto bajo sus brazos
—Vamos a extrañarte mucho—escuche decir a Chal, el asintió ante aquellas palabras y luego vino hacia mí.
Todo comenzó bien, no era más que una despedida de las tantas que habíamos tenido que pasar juntos, hasta que el casi imperceptible susurro que sus labios dejaron escapar, llego a mis oídos.
"Ten cuidado" habían sido sus palabras, y aunque ellas no eran un llamado de muerte, en mis adentros fueron más que eso.
Al separarse de mi, tuve que rebuscar en sus ojos el porqué de aquella frase, pero fue inútil, porque su mirada no era más que la transparencia de un cielo nublado, un estanque de hielo en época invernal... la luz, corrijo nada, podía traspasarlos y llegar a la verdad, al significado de las mismas.
Ahora ¿desde cuándo mi vida se había vuelto un cuento de suspenso y terror?
Sin respuestas.
— Nos vemos dentro de dos semanas —anuncio, antes de cruzar aquella puerta que nos mantendría alejados hasta mi decimoséptimo cumpleaños.
Las palabras de mi mejor amigo, dejaron dudas en mí. Inquietudes que no tendrían una sencilla solución.
Suspire.
.......................
¡Hola! ¿como están? Espero les haya gustado el capitulo :). 
Se cuidan muchisimo, y adiós.

1 comentario:

Annie dijo...

Hola Gisee!!
lei tu comentario!!
jejee no te preocupes
gracias por tus correcciones
sii tengo problema con los tiempos :/
estoy tratando de solucionarlo :)
tratare de mejorar
Gracias!! :)

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