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lunes, 27 de junio de 2011

Una nueva aventura... te animas a vivirla



"Su silueta no era más que la de un joven pueblerino,
pero su esencia estaba lejos de ser terrenal".

Muy pronto...
¿Te animas a descifrar el secreto?
Si tu respuesta es un sí, dejame un comentario sobre lo que pienses que acontecera en este nuevo mundo que he creado.
Muchisimas gracias, se cuidan un montón, y adiós.
P/D: No actualizare el blog hasta el viernes, porque estoy sin tiempo, el miercoles actuo en una obra de teatro, y la semana que viene tengo mis finales, así que estaré muy pero muy ocupada. Si necesitan algo, o tienen dudas, solo envienme un e-mail a  "nuestroobscurosecreto@live.com.ar" ¡Gracias! Se cuidan, y adiós.

Proyecto del mes de Junio de "Adictos a la escritura"

¡Hola! ¿como están? Bueno, esta es la primera vez que participo en un proyecto de "Adictos a la escritura", y solo espero les guste. Este mes el reto consistia en escribir algo, utilizando una canción como base. Y aquí esta lo que hice yo:
Nombre del relato: Si tan solo fuera cierto.
Tema: Mi sueño - Luis Fonsi. (Lo encontraran al final)



No recuerdo desde cuando, ni he llevado la cuenta de pasos que he dado hasta ahora... solo transito sin rumbo fijo, quizás siguiendo una llamada, tal vez porque al fin he logrado discernir entre el millar de voces la tuya.
El calor es agobiante, a pesar de estar en junio a semanas de la llegada del invierno, alguien está a mi lado, y él mismo parece alegre, no ha parado de hablar ni un segundo desde que “aparecí”, por así decirlo, aquí. Me conoce, a pesar de la ignorancia que yo difiero hacia él. Y en referencia a esto poseo una excusa, no logro verlo, literalmente, ni siquiera un rasgo de su faz he logrado distinguir, y lo más frustrante es que su voz me resulta desconocida.
Suspiro, y elevo la vista al cielo, hacia aquel sitio donde los temores e incertidumbres se disuelven... en el cual espero hallarte alguna vez. Y formulo aquella pregunta,  la misma que por el simple hecho de pensarla me consume por dentro.
“¿Dónde estás?” musito.
El céfiro envuelve mi cuerpo, es un augurio, algo roza mis hombros, y es completamente innecesario, pero quiero estar segura, así que volteo el rostro y lo contemplo alejarse. Es un joven alto y fornido, de piel traslucida y cabellos obscuros. Sus pasos seguros y  ligeros aspiran a formar un destino glorioso, sin embargo, él está perdido en su mundo, abrumado en los giros de una sociedad déspota.
Sonrió.
-No ha cambiado. -Pienso, balanceo el rostro y levanto la mirada.
No debo detenerlo, no quiero interferir, prefiero ser su sombra, espíritu del cual solo se percate cuando sea necesario. Pero hay algo en mí, algo que anhela lo contrario, y es el llamado “egoísmo”.
Darío murmuro. –Sí he reparado en él, es inevitable, pero es un simple soplo, es imposible que dicho muchacho lo haya oído ¿verdad? –Sin embargo, me equivoco.
Él detiene sus pisadas y gira. Sus labios articulan una palabra, mis oídos no la escuchan pero mi alma sí. Es un nombre... mi nombre.
Me deshago de todos los prejuicios y soy gestora de un acto ridículo -si tienen en cuenta que estoy en la vía pública, rodeada de personas de carne y hueso y no imaginarias-, lo llamo nuevamente y corro hacia él.
Darío da unos cuantos pasos hacia adelante y sus brazos me reciben en aquel estado de euforia. Inmediatamente mi cuerpo se impregna de aquella fragancia entrañable y familiar, su calidez me resguarda, y aspiro lo que he estado buscando desde hace mucho tiempo: paz.  Y todo sería perfecto si no supiera que esto es solo una cruel ilusión. 

sábado, 25 de junio de 2011

No lo comprendí


¿Cuánto tiempo he esperado?
Llegue a pensar que no existías,
Y sin embargo hoy al verte
Siento que no te merezco.

Aquello era tan perfecto,
que me olvide de amar.
Solo vivía soñando, sin actuar.
Estabas ahí, y te deje escapar.

¿Fue quizás el miedo? ¿Quizás fue mi estúpida timidez?
Tal vez, fue el hecho de no aceptar mis sentimientos,
el deseo de  guardar aquello como algo único, irrepetible,
a  tal punto de no dejar ver su luz, ni siquiera a ti.

Eras lo que estaba buscando, y te aleje.
Y el sufrimiento es mayor
porque sé que esto fue real, y lo deje marchitar.
Porque tú no eras una fantasía, y no lo supe ver.
.....................
¡Hola! ¿Qué tal están? Espero muy bien, y que les parecio lo que escribí... mm., bueno esto solo fue un pensamiento, un sentimiento confuso que siempre me invade. Ojala les haya gustado :D.
Se cuidan muchisimo, y adiós.
P/D: Recuerden que el plazo para entregar los relatos para el concurso es hasta el 8 de julio, aunque si presentan problemas, y no lo pueden terminar, solo envienme un e-mail a nuestroobscurosecreto@live.com.ar, no dudare en posponerlo una semana más :D. Espero su participación :).

viernes, 24 de junio de 2011

Pisadas de un errante caminar: Capitulo 4

Pisadas de un errante caminar
Capitulo 4/ parte1

Sueños


D
ebo aceptar que la mirada de Michael, me hacía temblar de pies a cabeza. Ojala tuviera la vivacidad de mi acompañante para pasar desapercibida ante este hecho. Pero no la tenía, y mi actuación era pésima frente a las personas conocidas. Así que no podía hacer nada, excepto observar.
  
Ben pasó la mayor parte del tiempo charlando con Chal, he intentando llamar mi atención. Pero debo admitir que lo último no funciono completamente, porque de vez en cuando me veía en la desagradable tarea de contemplar aquellos ojos grises, inescrutables, bien ocultos bajo el semblante helado de la furia.

Cuando los enfermeros trasladaron a aquella mujer del local a la camilla de emergencias. La "bruja" estaba temblando, y seguía murmurando, - esto lo pude saber por el continuo movimiento de sus labios- pero al menos esta vez no gritaba los endemoniados aullidos que me vi obligada a oír.

Diana salió detrás, de la que ahora sabia, era su madre. No se acerco, intercambio algunas frases con Michael. Quien se encontraba lo suficientemente alejado, como para asegurar que estaba en plena guerra con nosotros. Algo que realmente no venia al caso, porque ignoraba la causa de aquel aislamiento.

— Oye Chal— dije, interrumpiendo la animada charla que mantenía con mi "nuevo amigo".

— ¿Qué sucede Al? — la culpa había desaparecido de su voz, y eso generaba en mi un gran alivio.

Significaba que podríamos seguir hablando, sin resentimientos, e incómodos silencios de por medio.

— Michael está enojado con…—  me detuve. El incluir a ambos no valía la pena, ni figuraba en mi lista, así que finalice, cambiando un poco las palabras que emplearía en un principio - conmigo.
 Chanel me observo sorprendida, y estoy segura que estaba considerando en dejar pasar mi comentario por falta de juicio. Pero a pesar de ello se atrevió a seguir dándole hilo a lo que ella consideraba "el delirio a media noche de una adolescente casi muerta".
Si, no era nada gracioso emplear las palabras "casi muerta" en una frase, y aun menos oírla de tu más fiel amiga.
 Pero bueno, aunque me rehúse a aceptarlo, era la verdad
— ¿Qué te hace pensar eso? — inquirió, desviando su mirada de mi rostro al de Michael.
Revolee los ojos.
-En serio lo preguntaba-.
— Su forma de actuar, su aislamiento y… —  lo observe—  su mirada.
Chal se mantuvo en silencio por unos minutos, en los cuales pensé que ella había captado mi punto de vista. Pero me equivocaba.
Su rostro se convirtió en la nada, luego solo suspiro y elevo sus ojos al cielo.
Era acaso eso una burla.
— Al, solo estas imaginando cosas, el solo actúa así porque está preocupado.— Me aseguro — Dime si no actuarías de la misma forma si a él o a mí, Dios nunca lo quiera, nos hubiera pasado algo similar a lo que te ocurrió a ti esta noche.
 Lo considere, ella tenía razón, entonces…
¿Por qué no podía creerle? ¿Por qué me era tan difícil aceptar aquellas palabras?
Me rendí, y decidí seguirle la corriente, después de todo no quería generar también una disputa con mi mejor amiga.
Me encogí de hombros.
— Bueno, creo que sí — acepte, convencida de la mentira que intentaba dejar fluir.
— El solo está preocupado—  dijo una voz a mis espaldas, erizando cada vello de mi nuca.
Di un respingo.
Benjamín se encontraba detrás de mí, cómo y cuando había llegado ahí, ni idea, solo estaba ahí, respirando de la misma forma que lo haría un fantasma. Su vista estaba perdida, más allá de lo que sus ojos parecían ver, en alguna desconocida galaxia de su misterio.
— Lo siento  — se disculpo en cuanto se dio cuenta del susto de muerte que acababa de darme.
Bueno, estoy exagerando, no fue tanto.
— Ves hasta Ben lo dice.
— Pero no por las razones que has mencionado — corroboro Ben instantáneamente, intercambiando una rápida mirada con Chal.
Mi mejor amiga elevo una ceja, y en su semblante pude divisar la duda y el interés, generado por las palabras de nuestro visitante, aunque el ignoro - algo a lo que estaba plenamente acostumbrada - la reacción de Chal.
Gire hacia atrás, con el rostro bajo la cortina de los nervios, asomando por cada poro de mi piel, y la tristeza embaucada en mis ojos.
— Él está furioso — afirme, empleando la voz chillona de una niña en preescolar. Habito que fui olvidando a trabes de los años, pero que hoy nuevamente ejercía presencia en el momento menos pensado.
En serio, lo único que hacía falta ahora para finalizar uno de los tantos actos vergonzosos de mi rutinaria vida, era patear el suelo, y quedaría como una niña a la cual acababan de arrebatarle su peluche de buenas noches.
A pesar de lo ridículo del momento, no escuche la risa de Ben, ni siquiera una baja y oculta entre dientes, y eso me sorprendió, y porque no decir también me inquieto.
Cuando levante los ojos, el me estaba observando, no de la forma juguetona o burlona como veces anteriores, a decir verdad la mirada reflejada en mis pupilas era más bien… ¿seria?
Aquello era un cambio, la última vez que lo había visto así, tres días antes, había estado a un paso de abandonar mi existencia terrenal.
Él noto mi preocupación, e inmediatamente elevo las comisuras de sus labios en una clara, pero pequeña sonrisa. Como si su verdadera intención fuera brindar tranquilidad a mi corazón.
Y no lo negare, aquello me hizo feliz.
— Así es - convino— pero no contigo.
Fruncí el entrecejo.
Si no estaba furioso conmigo, entonces… ¿Con quién?
Estuve a punto de abrir la boca para plantear mi incógnita, cuando su siguiente comentario me interrumpió.
— Y también, debo agregar, un poco celoso…—  Ben parecía divertido—  bueno bastante si les soy sincero.
Chanel y yo lo observamos con la incredulidad fundida en los ojos.
— ¿Celoso? — dijimos a dúo, utilizando un tono un poco más elevado de lo normal.
—  Eso no puede ser — declare.
— Es algo imposible  — concluyo Chal.
Nuestro, técnicamente, "nuevo amigo" nos contemplo, viro los ojos, y luego comenzó a reír.
Tiro la cabeza hacia atrás, y volvió a vernos, esta vez con una expresión, como decirlo, normal. Aunque nada en lo que se relacione con mí pensar consideraba corriente en él.
— No es imposible Chal, en realidad yo también sentiría celos, si mis dos bellas amigas estuvieran estableciendo conversación con un completo extraño, y aun mas…— revolvió sus cabellos —  si fuera alguien como yo.
"OH si, ahora finge ingenuidad".
Chal soltó una risita, mientras sus mejillas se tornaban de un color más profundo que el de sus cabellos.
Revolee mis ojos del cielo al suelo, y luego los devolví a su antigua posición.
Enarque una ceja.
— Los celos solo reflejan el temor y la falta de confianza interior. Ningún sentimiento destinado a perdurar se basa sobre él.
Benjamín me observo, y para fomentar mi "buen humor", su sonrisa no desapareció.
 —Tus palabras tienen mucha verdad, Al. —Él avanzo varios pasos hacia mí, hasta dejar nuestros cuerpos a una distancia nada placentera para mi sereno respirar.
 —Pero te olvidas de un insignificante detalle "somos humanos", pequeños y débiles, seres demasiado egoístas, siempre dispuestos a salir huyendo ante el menor subimiento de marea.
Y mientras sus palabras quedaban grabadas en algún alejado rincón de mi memoria, pude comprobar que al menos doce centímetros de altura me rebasaba, guardando un acogedor espacio entre sus agraciados hombros.
No me pregunten el porqué pensaba todo esto, porque ni siquiera yo sabía la razón.
—Sigo considerándolos inútiles —admití, encogiéndome de hombros, negándome a ceder a sus palabras.
—Nadie atestigua lo contrario —replico Ben, mientras su mano derecha se perdía en los obscuros mechones de mi cabello ondulado—, simplemente es una parte de nosotros.
Luego sentí el deslizar de su mano desde mis cabellos a mi antebrazo, y mientras hablaba contemple a sus dedos marcar los mismos círculos trazados, cuando me encontraba en aquella, quisiera olvidada, habitación.
 —Fundidos en la carne de un ser d-e-m-a-s-i-a-d-o imperfecto.
Finalizo la frase elevando mi mano encarcelada entre las suyas, para luego dejarme el insistente cosquilleo del toque de sus labios sobre mi piel
—Eres hermosa—dijo, y no pude evitar sonreír.
—Y tú eres un payaso.
Si lo sé, no era la mejor réplica, ni la respuesta más apropiada a un cumplido, pero bueno, lamentablemente su anormalidad se colaba entre mis neuronas y era inevitable no hacer uso de ella cuando se me diera la oportunidad.
Dejo caer nuestras manos sin desunirlas.
—Entonces seré un payaso, mientras eso provoque en ti el nacimiento de una sonrisa.
Le mire inquisidoramenté.
 — ¿A caso te has convertido en un Romeo ambientalizado al siglo XXI? — pregunte.
Una fugaz sonrisa surco su faz.
 —No porque Romeo es un personaje extraído de un cuento de hadas. - señalo Ben.
— ¡Eso no es verdad! —Protesté— ¡Romeo fue real!
 Él desvió la mirada por unos segundos.
 —Está bien tienes razón, —aceptó —pero tú lo has dicho fue real, ahora solo es el alma en paz de un viejo veterano... —dijo, y por seguido sus ojos brillaron de una forma especial— y yo soy real.
Baje mi rostro, y lo balancee, mientras oía su risa colarse en los sentidos dormidos de mi ser.
Puedo jurar que olvide todo y a todos en aquellos momentos. El lugar, y las personas desaparecieron, no percibí sonido alguno, era como si estuviera atrapada en una esfera de cristal, obteniendo como resultado a mi yo confrontando a su otro yo.
Mis pies pisaron tierra solamente cuando oí el bajo, pero claro sonido de alguien aclarándose la garganta. Y ese alguien era Chal quien me alertaba de la llegada de Michael.
Instantáneamente me separe de Ben.
 No es que realmente considerara "ciertas", las palabras de este sujeto, pero si había una posibilidad, por más pequeña que fuera, no iba a arriesgarme.
 Los pasos de Alfred resonaron sobre el cemento; y mi corazón dio un gran respiro al comprobar que la distancia y frialdad de su mirada habían desaparecido. Ahora en las profundidades de sus pupilas grises solo habitaba la calma.
 —Ella está bien —nos informo—, los enfermeros dicen que solo fue un ataque de nervios. Al parecer no ha estado tomando correctamente sus dosis, y esto, se puede decir, que influyo bastante en el comportamiento de esta noche.
 Asentí, y creí que todo estaría bien desde ahora, pero...
 —No lo modifica —dijo una voz a mi costado. Y maldije por lo bajo al dueño de la misma por haber dado fin a la paz que creí haber alcanzado.
 Respire hondo y lo observe.
 No sé, si se habrá dado cuenta de la furia latente en mis ojos, y si lo hizo, no me prestó atención.
Su estado era calmo, y solo había ingenuidad e interés en su mirada.
 Michael frunció el entrecejo.
—  ¿Qué? - pregunto.
 Y él, el extraño, como si tratara de algo demasiado obvio revoleo los ojos.
— Digo que "no lo modifica", la situación sigue siendo la misma. No cambia en absoluto, ella debería estar en un lugar especial, y no continuar aquí, de la forma en la que lo hacemos nosotros.
 Lo observe, y a pesar de las locuras que merodeaban su cabeza, esta vez tenía razón.
 —Ben tiene razón—dijo Chal.
Desvié la mirada hacia ella y en sus ojos preocupados distinguí la sombra opaca de la culpa. Culpa que deseaba que ella olvidara...que todos olvidaran.
 — ¿Qué tal si la situación hubiera empeorado? y...
 —Pero no lo hizo —la interrumpí.
 Decir que estaba extremadamente cansada de este tonto juego, no era mentir; era acertar a los sentimientos existentes en mi interior y transformarlos en palabras.
 Benjamín me contemplo, y aunque esta vez no hablo, esto no impidió que sus ojos me dijeran más de lo que sus palabras pudieron haberme dicho.
 Sonrió.
— Creo que es hora de irme— anuncio.
 Gire completamente para verlo, y a mis espaldas escuche el lamento de Chanel.
Y aunque estuve tentada a preguntarle la duda interna que me acorralaba, no lo hice, porque, a decir verdad, conocía la respuesta al igual que él.
 Sus labios se torcieron en una pasajera sonrisa por última vez, antes de voltear, y perderse en el silencio de la ciudad.
 Tal vez, debería haberme desanimado e incluso disgustado, sin embargo no experimente absolutamente nada, porque quizás en el interior, en lo recóndito de mi espíritu, el enigma ya había hallado solución, pese a que yo aun no lo supiera.

...................... 


¡Hola! ¿como están? Lo siento, les he traido un poquito tarde el capitulo, `pero bueno al fin esta aquí, y espero les guste. Se cuidan muchisimo, y adiós.

jueves, 23 de junio de 2011

¡Pasaditas!

¡Hola! ¿Qué tal están? Espero que se encuentren super bien, bueno como bien dice el titulo de esta entrada, esto es solo una "pasadita" porque ciertamente deberia estar estudiando xD (bueno, pero ya regreso a estudiar en un segundo), solo he venido a traerles algunas novedades.
En primer lugar:
  • mañana publico la tercera parte el capitulo 3 de "Pisadas de un errante caminar". Gracias a todas las personitas que siguen leyendo esta historia, no saben lo contenta que estoy al saber que les gusta lo que escribo. P/D: Annie, pronto podras atender al llamado de Ben xD.
Segundo lugar:
  • estaba pensando en crear una nueva sección, en el cual se hallen los episodios en PDF, para que puedan descargarlos, y leerlos mejor. ¿Qué dicen?
Tercer lugar:
  • He actualizado en mi blog "Siguiendo tus huellas", y ya esta la primera parte del primer capítulo. Espero les guste, y para aquellos que no la conozcan los invito a leerla, y a dejarme su opinión :).
Y por ultimo...



Estás son las estrofas que más me ha gustado de esta bella canción (a mi parecer)

"Te deseé tan fuerte
Recé que me encontraras.
Quizás este hoy aquí...
aquí para recordármelo"


"Si crees que los sueños se cumplen
hay uno que te esta esperando.
Porque creí cuando te vi
que cuando quieres algo lo suficiente...
entonces no puede escapar a tu amor.
No hay nada en este mundo que no pueda ser.
Si crees."



"Nunca deseé cosas materiales.
Nunca necesite al viento en mi alas.
Nunca deseé nada más que a ti."


Alguién me dijo:
"Ve donde este tu corazón,
nunca estaras sola"



Bueno, espero les haya gustado, me despido, y adiós.






miércoles, 22 de junio de 2011

Tiempo

"Últimamente el tiempo es
como la mariposa
que se aleja antes de llegar a la flor."

By Gisel

lunes, 20 de junio de 2011

¡Especial!

¡Hola! ¿como están? Espero muy bien. Y bueno como el titulo lo indica esta es una entrada especial, y ahora ustedes se preguntaran "¿por qué?". Recuerdan el concurso en el cual estaba participando en que organizo Vivi del blog "Delirios Estrellados", pues ¡tan!¡tan!, obtuve el tercer lugar, y uno de los premios consistia en una imagen editada por ella, y es...

esta!
Verdad que está muy linda?, pues a mi me ha encantado, y estoy súper agradecida con ella por haberla tenido lista tan pronto - ¡Gracias Vivi!-.
Bueno, en segundo lugar quería mostrarles unos dibujos que hice de "Alas Negras: Pisadas de un errante caminar" hace un tiempo atrás, a ver que les parece -aclaración: no soy dibujante, solo es un hobbie que tengo desde que... no sé, desde siempre xD. Espero les guste.

(este es un boceto, así que esta un poquito feo, pero más adelante lo mejorare)
 Tengo uno más reciente, y mucho más lindo, pero mi hermosa impresora se ha descompuesto, así que no puedo escanearlo :(.

Por último, y para no aburrirlos les invito a ver este vídeo :), que hice hace bastante, pero la canción es divina... bueno, eso según mis gustos :).
video

Adiós, se me cuidan muchisimo, y nos vemos.

sábado, 18 de junio de 2011

¡Premio!

¡Hola! Estoy feliz (uhh que raro ¿no? xD), Cam del blog "Donde nacen las ideas" me ha entregado este divino premio.
 
 
 
Pero el mismo ha venido con varias preguntintas que debo contestar. Aquí van mis respuestas.
 
1) ¿Qué significa tu historia para ti?

Bueno, en cada pequeña frase, párrafo o relato que escribo existe una parte de mí, y es ella la que es entregada a ustedes. Por esta razón, cada vez que uno de ustedes deja un comentario, me alegro desmesuradamente. ¡Gracias!


2) ¿Trata de ti o de tus sueños?

Si, y no, más bien en parte, “Pisadas de un errante caminar” nació a partir del sentimiento de fustracion que siempre tenia, al leer y leer, y jamás encontrar el personaje perfecto, con el cual me sintiera a gusto, luego tuve un sueño, y fue allí donde se completo el “acertijo” así que comencé a escribir :).

3) ¿Existe ese mundo o esa vida para ti?
Si existe, cada vez que enciendo mi ipod, y escucho música para inspirarme, o juego con las teclas del teclado cuando no encuentro el modo de continuar, o cuando voy de aquí para allá buscando sitios para describir, y que formen parte de la historia. En todas aquellas situaciones debe existir, de forma contraria estimo que jamás podría describir, y dar a conocer el mundo de “Al” a ustedes de la manera en que lo hago.

4) ¿Cuando la hiciste que sentiste la primera vez que la publicaste?
Miedo, inseguridad, pero mucho terror y nervios, porque sencillamente no creí que le interesara a nadie. Pero, bueno me alegro al decir que todo resulto mucho mejor de lo que pensaba :). Aunque aun estoy bastante inconforme con lo que escribo, todavía es necesario que mejore mucho más, para alcanzar a algunos blogueros que escriben estupendo.

5) ¿Qué pensaste cuando recibiste tu primer comentario?
“¿En serio?” xD, si es cierto, fue lo primero que pensé, la primera vez que recibí mi primer comentario, el cual decía que le había gustado la historia, y quería su continuación. Aunque la primera en leerla fue mi hermana, y a ella simplemente le fascino –bueno ella tiene quince años- pero me alegro demasiado :),
Es muy gratificante saber que tu esfuerzo no resulto en vano, y que lo que escribes llega a alguien.

6) ¿Sientes que tu historia es la mejor de todas?
No, y no creo sentirlo jamás, porque sencillamente creo que todos escriben bien, de una manera diferente, tal vez, pero ninguno por debajo, además de ello tengo lo que muchos denominan –mi mejor amigo no para mencionarlo, y acusarme xD,ja ja es gracioso – “complejo de inferioridad”, además todo el tiempo estoy inconforme, y sigo, y sigo intentando avanzar, aunque no sé si lo consigo, ustedes lo sabran :). Espero que sí.

Y este hermoso premio va para:

Annie: Adoro tu blog, eres un encanto de persona, siempre tan atenta, y solidaria :).¡Gracias!
Viviana: Sencillamente eres una de las mejores blogueras que conozco :D, y amo todo lo que escribes. ¡Eres fantástica!
Judith: Porque eres una de las primeras personas que me alentó en todo esto del blog. ¡Gracias! ¡Muchísimas gracias!
Sonia: No puedo olvidarme de ti, eres súper “especial” en el mejor de los sentidos, y me has caído  muy bien. Me gusta tu originalidad, y cada vez logras que quede más atrapada en tu historia. ¡Gracias Sonia!
Nympha: No sé qué decirte,  tú me conoces xD, adoro como escribes, y la soltura, e imaginación que irradias. ¡Gracias!
M.m.F: Porque me has dejado a obscuras :), tu historia me ha eclipsado, me fascina, y espero pronto la continúes :D. ¡Gracias por todo!
Suzette: Tu historia me da alas, el mundo místico que has creado me ha impresionado. Me encanta tu historia (eso ya lo sabes), y espero un nuevo capítulo :). ¡Gracias!
Dulce veneno: Porque siempre estas pendiente, y gracias a ti tuve la dicha de conocer a muchas personas fantásticas. ¡Gracias!

Espero les haya gustado :), como a mi me encanto recibirlo, se cuidan muchisimo, y adiós.

viernes, 17 de junio de 2011

Pisadas de un errante caminar: Capitulo 3

 Pisadas de un errante caminar
Capitulo 3/ parte 2



A
brí mis ojos lentamente.
Al principio como en aquel "sueño" todo era borroso, pero poco a poco fui deslumbrado los detalles. Aun me encontraba en aquella enferma habitación, las velas aun seguían encendidas, en la misma posición.
Pero algo había cambiado, yo ya no me encontraba sentada sobre aquella vieja silla de roble, ahora en vez de ello, me encontraba acostada con la vista clavada en el techo o en alguna parte, porque aun no estaba completamente consciente.
A medida que mis sentidos despertaban, una fragancia familiar me invadió, y la suavidad de un gentil toque a modo de masaje se extendía, en el lugar exacto donde las garras de la bruja habían sido enterradas.
Y tengo que serles sincera: aquel lugar realmente ardía, y las marcas no se irían en un largo tiempo.
Mantuve mi vista ocupada en lo que parecía algo multicolor, mas tarde descubrí que solo se trataba de un candelabro, y también descubrí que mi visión me había engañado a la primera, porque era cierto que había dos velas a cada extremo de la mesa, en el lugar exacto que las había visto antes de caer en aquel… podríamos llamarlo "sueño aterrador"; pero no eran las mismas, las originales se hallaban en el suelo, tiradas y dispersas. Como si alguien las hubiera arrojado o chocado con una gran fuerza.
Ejercí pequeños movimientos con mis extremidades. Por lo visto estas se encontraban intactas y era un alivio saber esto.
Fue solo entonces cuando descubrí la calidez y protección que le brindaban a mi cuerpo los brazos de alguien, y en ese momento caí en la cuenta que no me encontraba completamente recostada sobre la frialdad del suelo, sino que medio tronco de mi cuerpo se hallaba levemente hacia arriba, sostenido de una forma delicada y cuidadosa.
Sentí como un extraño hormigueo comenzaba a invadir mi piel, causando un desconocido e intenso rubor en mis mejillas.
Porque no me encontraba precisamente en los brazos de mi mejor amigo.
Oh  no, me encontraba en…
Levante lentamente mi cabeza, no queriendo ver lo que mis ojos reflejarían.
Porque más allá de la suavidad de la lana, y la blancura del cuello de aquella camisa, había un rostro.
El rostro temido por aquella mujer, un rostro conocido por mí.
Y cuando mis ojos se elevaron y lo pude contemplar, no encontré el semblante de la bestia, ni la mirada obscura de un alma corrompida.
No, no, la figura de aquel ser, opacada cada tanto por mis pestañeos, estaba muy lejos de parecer eso.
El era un ángel.
Su fisonomía era aun más perfecta de la que había podido gozar en aquel borroso recuerdo. La intensidad de sus pupilas, me llenaron de la frescura marina de donde provenía, la quietud del silencio, la indomabilidad del océano.
El me observo, y vasto una sonrisa para embrujar mi corazón, y aun en los confines por donde vagaba mi alma en aquellos momentos, tuve la oportunidad de considerar ciertas las palabras de aquella bruja.
—Al, ¿cómo te sientes?  —pregunto, convirtiendo en melodía cada palabra pronunciada.
Despeje mi mente, intentando llevar toda mi atención al significado de sus palabras y no al millar de sensaciones que el sonido de ellas causaba en mi interior.
—Bien — conteste, lo que más bien se oyó como un murmullo.
El volvió a sonreír, dejando a mi corazón varado por unos segundos para luego dejarle batir sus alas como una mariposa, a un ritmo desbocado que aturdía mis oídos.
— Eso es bueno — dijo, y luego todo ocurrió de una forma demasiado rápido.
Un aullido ensordecedor interrumpió la calma del ambiente, percibí el temblor del suelo, aunque más tarde me di cuenta que era yo. Mi cuerpo temblaba sin control y no podía pararlo.
Eleve mi vista, y la imagen del mismísimo demonio me sonrío. Sus diminutos ojos sin expresión vagaron por mis facciones unos segundos, antes de liberar un nuevo aullido diez veces más atronador que el anterior, y abalanzarse sobre mí.
Y juro que hubiera gritado si no hubiera sentido su dulce voz de calma en mis oídos.
— "Todo está bien" — susurro.
Volví a elevar mi vista, y vi el fuerte sacudir del cuerpo de la bestia, mientras era retenida por unos fuertes brazos.
La silueta de Michael a penas deslumbrada a la luz de las velas, parecía más grande y feroz de lo normal. Aunque cuando sus ojos me encontraron una sonrisa familiar recorrió su rostro, y me sentí más tranquila y protegida.
A su lado se encontraba aquella mujer joven y morena que nos había atendido, intentando calmar a la que había dejado de ser su madre. Y algo más que note fue, que por unos minutos y aunque tal vez el sonido se halla distorsionado por el momento y mi situación actual, hablo la misma lengua que había escuchado ser usada por su madre.
Diana también estaba allí, varios metros más alejada de la situación, pero con la misma expresión que había adquirido la mujer de mis sueños. Aquello me tomo por sorpresa y no pude evitar temblar al recordarlo.
Él sintió mi cambio, y sus manos se movieron alrededor de mi brazo trazando diferentes formas en busca de calma para mi corazón.
Percibí el movimiento de su cuerpo, el soplo de sus labios sobre mis cabellos mientras hablaba con otra persona.
Al minuto siguiente sus brazos fueron remplazados por unos iguales de familiares pero menos acogedores.
Sentí como las lágrimas de Chal rozaban mis mejillas, mientras me ayudaba a levantarme. Ella no dejaba de murmurar una disculpa, una y otra vez.
Y eso solo causo un malestar aun peor en mi estomago, quien una vez más volvió a revolverse.
Me condujo hasta afuera, y la brisa nocturna fue para mi cuerpo, como un vaso de agua para un sediento.
Nos sentamos en las orillas de cemento que sobresalían de las vidrieras del local. No era el mejor lugar, pero era mucho mejor que estar de pie. Al menos ahí, no me mareaba ni tenía la posibilidad de caer de bruces al suelo.
Mi mejor amiga seguía sollozando, y sus cabellos ocultaban totalmente su rostro en plena agonía. Era demasiado horrible ver a Chal en aquel deplorable estado, así que negándome a seguir siendo testigo de aquello, eleve mi mano y toque su rostro.
Pronuncie su nombre.
— Chal.
Ella levanto el rostro instantáneamente, dejando visible sus opacos ojos oro.
Murmuro algo que no llegue a entender, y sus brazos me rodearon, mientras su llanto empeoraba cada vez más.
Me abrazo demasiado fuerte.
— Chal, ya basta, no deberías llorar de esa forma — le reproche. Y mi voz sonó en un tono más elevado de lo que esperaba.
— Oh, Al…Oh, Al —  susurraba una y otra vez  — si él no hubiera llegado, si no hubiera sentido curiosidad por tu tardanza, yo…—su voz se quebró varias veces a causa de las lagrimas.
Intente consolarla, pero ella no dejo llorar y abrazarme, mientras su disculpa resonaba en mis oídos una y otra vez por una razón que aun desconocía.
¿Qué había sucedido durante mi ausencia?
Mi mente estaba dando un giro de trescientos sesenta grados, cuando lo vi a él traspasar aquella rustica cortina de entrada.
Sus ojos me encontraron en el minuto exacto que levantaba la vista del hombro de mi amiga. Y aun en aquella situación, con mi cabeza dada vuelta y miles de incógnitas vagando por todo mi cuerpo. Tuve la oportuna posibilidad de plantearme si aquella conexión mística que experimentaba hacia él era algo normal.
No es que nunca me allá enamorado, pero aquel sentimiento era nuevo, nada similar a lo que haya sentido antes, y a pesar de eso lo encontraba familiar.
¿El sentiría lo mismo?
No, fue mi respuesta instantánea, cuando su cabeza de balanceo negativamente con media sonrisa en su rostro perfecto.
Y ahora recordaba el porqué aquel chico me había desagradado en un primer momento: era por la incomodidad que generaba a mí alrededor al hacerme sentir ajena, siempre desconocedora de una frase, una palabra esencial que dieran vida y significado al secreto oculto en sus ojos.
O tal vez simplemente estaba imaginando cosas. Bueno hablando en términos simples, eso sonaba más lógico.
Chanel se separo cuidadosamente de mí, y él como un buen caballero le ofreció su pañuelo.
— Las damas no deben llorar — dijo, mientras extendía su brazo para que Chal pudiera agarrar el pañuelo.
Ella lo tomo sin dudar, intercambiando conmigo una mirada llena de sorpresa.
Porque negarlo este chico era especial.
Chal y yo nunca habíamos sido populares ni conocidas, a penas si resaltábamos del grupo de las del medio, yo por los líos diarios que causaba con las "puro huesos" y Chal por sus calificaciones.
Si, no éramos la obra llamativa del salón, y puede que jamás apareciéramos en las famosas listas de fiesta de fin de curso, pero con respecto a lo demás éramos buenas compañeras, y aunque viviéramos en nuestros mundos distanciadas (según ellos), cada vez que necesitaban ayuda, ya sea para decorar el viejo estudio de teatro del instituto o en un examen, podían contar con nosotras.
Es decir nuestra relación social, era lo que se puede decir normal. Había chicos que nos hablaban, habían quienes nos repudiaban, y otros que simplemente nos ignoraban; y todo esto se regía - por supuesto- bajo la ley aplicada en cada lugar existente del mundo: "clase" "efectivo" y "belleza".
Ahora bien, no es que supiera mucho sobre nuestro querido príncipe - aparte de su buen porte, el frescor irradiante de su colonia, y la profundidad ultramar de sus pupilas- , pero de lo que podía estar segura, es de que él no era un "don nadie", tenia clase y el aroma a oro se respiraba desde la suela de sus zapatos hasta la última punta de sus cabellos.
En términos simples él estaba del otro lado de la muralla de nuestra carpa.
La pregunta del millón era:
¿Qué hace un chico así a nuestro lado, hablando como si nada?
Sin respuestas, vació y aire.
Aunque su extraña manera de actuar me dejaba a entrever - aunque parezca imposible- su adaptabilidad social. Eso explicaría "un poco" lo ocurrido la pasada noche.
— Gracias— contesto Chanel, mientras secaba sus lágrimas.
El se encogió de hombros con indiferencia.
— No hay de qué.
Chal meneo la cabeza. Levanto el rostro.
— No me refiero a esto.
Y distinguí un cambio en él, aunque fue a penas visible. Sus ojos no mintieron.
Mi amiga dejo escapar una pequeña sonrisa.
— Me refiero a todo — y una vez más su voz fue oculta en un torrente de lágrimas.  — Yo… lo siento.
La deje desahogarse sobre mi hombro.
No pude sentir "su" cercanía, hasta que una de sus manos rozo la mía en un intento de calmar el frágil corazón de mi amiga.
Pretendí no sentir nada e ignore la descarga eléctrica que experimentaba cada vez que su piel tocaba la mía.
— No llores Chal, no ha pasado nada—   la tranquilice.
Ella instantáneamente levanto el rostro. Sus me observaron con furia y tristeza.
 — ¡No ha pasado nada! — Dijo elevando la voz hasta el punto que mis oídos pitaban - si tienes razón, solo has estado a un paso de traspasar la puerta que separa el mundo de los muertos y los vivos.
— En realidad—  intervino una voz familiar, suave y baja.
Sus ojos estaban fijos en el cielo distante que nos rodeaba. Lo observe, y por primera vez me vi libre de mirarlo, sin la profundidad de sus ojos en mi rostro, ni la distracción de su sonrisa en mi mente
— No existe tal puerta. Solo es un camino, largo, estrecho…
— Y lleno de luz - termine irónicamente.
El sonrió.
— Iluminado por la bendita gracia de Su Señor.
A que se refería con "Su Señor”, a caso el no creía… ¿no creía en Dios?
Me hubiera quedado más tiempo en mi submundo, si no hubiera escuchado la voz de Chal hablándome - bueno en realidad casi gritándome-.
— Pero en fin Al, eso que importa, sea como sea lo que te ha ocurrido no es nada, no significa absolutamente nada ¿verdad? Tu muerte no es nada, ni razón por la cual preocuparse —  el tono de su voz cada vez fue más bajo, hasta solo quedar en un susurro. El llanto asomaba por el oro de sus pupilas, mientras la humedad de sus lágrimas aun era conservada en sus mejillas.
Era mejor hacer algo antes de que las cosas empeoraran.
— Chal — la llame, mientras apoyaba mi cabeza junto a la de ella, y la abrazaba.
_Yo no he dicho eso, por supuesto que importa mi muerte, y a mi más que a nadie, aun no he tomado el título de "masoquista" sabes, ni pienso hacerlo - y luego con mas animo agregue - bueno tal vez si, en algún atolondrado camino de mi vida, pero para ello aun queda tiempo.
Ella soltó una risita, y yo sonreí.
 — A lo que me refiero, Chal, es que no deberías actuar así. No me ha pasado nada…
— Salvo la lesión de tu cuello—  dijo él interrumpiendo mi discurso inspirador.
Le lance una mirada envenenada y él me devolvió una sonrisa.
No había dudas a este chico le encantaba hablar cuando nadie le llamaba.
 — Como decía —  proseguí. — No hay razón para que te sientas culpable y actúes de esa forma.
Chanel conservaba la mirada baja y sombría, perdida en la obscuridad del cemento.
— Pero Ben tiene razón.
— ¿Ben? —  pregunte desconcertada, elevando una ceja.
Mi mejor amiga frunció el entrecejo.
— Así es  — dijo, giro el rostro hacia nuestro querido entrometido oyente -él se llama así.
Él asintió.
— Benjamín— corrigió.
Así que ese era su nombre, aunque, a mi parecer, demasiado común. Pero bueno, ninguno de nosotros tiene la opción de elegir nuestros nombres al nacer, esta delicada misión que dejara huella durante toda nuestra existencia en la tierra la tienen nuestros padres.
— No lo sabía — admití, sin apartar la vista de su rostro. Una parte de mi en calma y la otra incompleta, negándose a creer aquellas palabras, aunque él las confirmaba, había algo que no encajaba, aunque aun no sabía el que.
Solo percibía en mi interior una gran inquietud.
Chanel me observo aun más confusa.
— Yo creí que eran amigos— dijo desconcertada.
— No — respondí, al mismo tiempo que sus labios articulaban la palabra "si".
Mi mejor amiga nos observo a ambos, con la frente arrugada y miles de porque aflorando en su rostro.
Si ella supiera la confusión mayor que sentía yo en mi interior, lo no agradable que era estar en aquella situación, y la inquietud envolvente que se expandía a mí alrededor, y todo por culpa de "aquel", o mejor dicho de "él".
La presión ejercida fue tanta que hasta Chal tuvo que salir "huyendo" de nuestro lado; dicho en simples términos, en realidad se excuso diciendo que iba a ver si Michael necesitaba ayuda con la mujer que había tratado de asfixiarme anteriormente.
Una vez ella se marcho, Ben avanzo sin prisa el espacio que nos separaba y se ubico a mi lado. Estiro sus brazos demostrando cansancio, y dejo vagar su vista en el inmenso cielo nocturno, habito con el cual comenzaba a familiarizar.
—  ¿Por qué dijiste eso? — cuestione.
Mi vista estaba clavada en lo que parecía ser la sombra de un roedor o, como podría ser también, un papel mal formado.
El bajo la vista, e inocentemente, pregunto:
—  ¿Por qué dije el que?
Vire los ojos.
— No hace falta que utilices tu doble mascara conmigo.
— Eso lo sé bien — contesto, y sus ojos despidieron una calidez conocida, sensación que despertó en mí una pregunta formulada con anterioridad.
¿Realmente nos conocíamos? Y si la respuesta era "si" ¿cuando y donde lo había visto? ¿En qué remoto universo, cosmos o "infierno" había admirado aquellos ojos?
Sus labios formaron una pequeña sonrisa.
— Eres especial.
Y aquella sonrisa me hizo considerar el significado de aquella frase, el mensaje oculto, y la finalidad buena o mala que las palabras contenían en ella.
Al final acepte el hecho, de que tal vez, solo tal vez, se refería a lo que - aunque no lo quisiera y lo detestara con toda mi alma- aquella mujer había dado a entender de mi.
 — Supongo que sí.
—  ¿Supones?
 — ¿Qué tal si volvemos al tema principal?
Los nervios comenzaban a consumir la poca paciencia que mi ser contenía en sus adentros, y para colmo mi humor no se encontraba dentro de sus días hábiles.
Ben se hecho a reír.
— Vaya humor, tus hijos estarán encantados de tener una madre como tú. - bromeo
No dije nada, solo lo observe.
“¿Qué más podía hacer?”
El arrojarlo contra el suelo no era una salida, no luego de que - para mi suerte - hubiese salvado mi vida dos veces, sin haber sido llamado.
— Pero estoy de acuerdo volvamos al tema principal.
Respire hondo, y continúe
— Porque le dijiste a Chal que éramos amigos.
El desvío la mirada, y cuando hacia eso tenía la certeza que no me escuchaba, me ignoraba completamente, pero esta vez me equivoque.
—  ¿No lo somos?
 — No — conteste fríamente, y mi voz se oyó demasiado helada incluso para mí.
— Es decir —  agregue, temiendo haber herido sus sentimientos con la respuesta fría y automática que le había ofrecido. —, uno no se hace amigo de las personas solo por verlas visto uno o dos veces. La amistad necesita un basamento sólido y equilibrado para…
— ¿Por qué estás diciendo todo eso? — pregunto, girando su rostro totalmente desconcertado.
Y podía asegurar que en su interior, se estaba burlado de mí.
— ¿Por qué?
— Al, se perfectamente lo que es la amistad, y lo que significa ser un "amigo" — levanto sus dedos e hizo el entrecomillado en el aire.  — Soy más viejo que tu, y estoy seguro que la experiencia que tengo no ha servido solamente para dejar huella en mi piel. Y si le dije eso, a tu querida amiga, fue solamente para ocultar la verdadera razón, razón que estoy seguro mantienes bajo llave para evitar problemas.
— Igual que tú— añadí, aun sin prestar mucha atención a sus últimas palabras, porque a decir verdad yo me había quedado capturada en las anteriores.
— Exactamente — finalizo él.
— Ben —  lo llame, pronunciando por primera vez su nombre teniendo por seguro que no sería la última vez.
Él me observo atento. No tengo la menor idea en lo que su mente trabajaba en aquellos momentos, pero la pregunta que especule no era la esperada por él. Tal vez pensaba que iría por algo más importante, pero qué más da, a mi me interesaba.
 — Has dicho que "tú vejes" te ayudaría a saber mejor el significado de lo que se llama amistad. Pero…  — me detuve, y no pude evitar sonreír ante el hecho - tú no puedes ser más viejo que yo, estamos en la misma lista, en el mismo radio de circunferencia.
Por un momento observe como su rostro se quedaba en blanco.
¡Oigan! tan patética era mi comparación.
Luego simplemente estallo en carcajadas (como siempre). Debo confesar que aquello realmente me irritaba, y por ende me disgustaba.
— Al, estoy seguro que te sorprenderías si supieras la edad que tengo, ni siquiera podrías divisarla en los límites de tu imaginación; y eso que es muy amplia, debo añadir.
— Oh, vamos —  le di un empujón. —  Tú no puedes tener más de dieciocho años. Veinte en mi máximo.
Ben paro de reír, y coloco los ojos en blanco.
— ¿En serio crees eso?
Aquel gesto, hizo que mi cabeza diera un giro completo.
Y si realmente aquella "bruja" tenía razón, y él era lo que se llama "demonio". Un temblor recorrió mi columna vertebral, disparando una corriente eléctrica en cada órgano de mi ser. Siendo sinceros, él mismo lo había aceptado, el lo había dicho: "ni siquiera podrías divisarla en los límites de tu imaginación". Nunca podría saber su edad, porque es un número incalculable ¿verdad?
Aunque aquello primeramente había considerado una broma. ¿Qué tal si no lo era?
El me devolvió a la realidad jalando suavemente mi capucha.
— Veinticinco, —  dijo, y al principio, debo confesar, que no le entendí. — tengo veinticinco. Esa es mi edad.
— Oh, vaya — me limite a contestar.
— No sé en lo que estarás pensando Al, ni qué mundo insólito estarás visitando, pero puedo asegurar que tiene algo que ver conmigo ¿No es cierto?
¿Algo? Últimamente todo tenía que ver con él.
Pero, por supuesto, no conteste, me limite a observar el desgaste del cemento.
Estuvimos varios minutos en silencio, hasta que escuchamos la sirena cercana de una ambulancia.
— Era hora — dije en voz baja, levantando la vista.
El resoplo.
— Sí, es verdad.
Se puso en pie, y me tendió su mano. Aquel gesto me hizo dar varios pasos atrás en el tiempo, hasta quedar frente al recuerdo de aquella lloviznosa noche de abril ocurrida esa misma semana.
 — ¿Qué sucede? —  pregunto extrañado ante mi inmutes. Al ver que no contestaba, añadió entono burlón—  ¿A caso nunca nadie ha sido cortes contigo?
Entrecerré lo ojos.
— Por supuesto que sí—  conteste ofendida.
Una vez de pie desperece mi cuerpo. Había estado demasiado tiempo sentada, y mis piernas parecían haberse tomado un receso, así que me estire varias veces, para volver a ponerlas en funcionamiento.
Me acerque a Ben.
Él estaba de espaldas, observando la oscuridad atrapante de una calle desierta en plena madrugada, dejándose llevar, estaba segura, por el sonido cercano de una sirena de urgencias.
— Eres extraño— dije, tocando la suave lana que revestía su cuerpo de atleta.
El giro, y sus ojos ultramares se fundieron en los míos.
— ¿En serio? No me digas ¿Recién lo has notado?
Negué.
— No, en realidad no, y eso me asusta.
Ben se hecho a reír, y no pude no contagiarme de aquella risa jovial y alegre.
¿Qué íbamos a hacer? él llevaba la delantera.

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